veintionce

En el umbral de los treinta me di cuenta de que si algo tenía claro era mi deseo de disfrutar la vida. Cuando cumplí los treinta me dediqué a tener treinta mini festejos de cumpleaños haciendo todos los días, durante un mes, algo que simplemente me encantara hacer. Fue en esos días cuando fui a cenar sushi, cuando fui a bailar al Cocobongo hasta el amanecer, cuando fui a relajarme junto a una piscina, cuando fui a hacer snorkel con el tiburón ballena, cuando todos los días quedaba para comer, desayunar, cenar o tomar café o Martinis con personas queridas, para mi eso era felicidad: simplemente tener en tu vida diaria la chispa de hacer algo que te guste mucho.

Trescientos cuarenta y cinco días después de entrar a los “temibles tas”,  a veinte días de cumplir veintionce, me siento en una cafetería a contemplar una tarde gris y hago un recorrido de esos días en que fui feliz y las presencias que me acompañaban en mi felicidad. Pienso también en los momentos de tristeza y en las ausencias que me secaron las lágrimas. Curioso es, que a veces coinciden. Alguna vez alguien me dijo, un año nuevo, que a pesar de todo lo que le había pasado ese año, su balance era positivo. ¿Y  mi balance de este año, el año nuevo personal?

En este recorrer de días, horas, minutos y segundos a mi vida han llegado muchas cosas, otras se han ido y otras, inexplicablemente se están yendo mientras escribo estas letras, y mas inexplicablemente aun, yo lo estoy permitiendo.

Y en mi afán de reagrupar mi ejército, hay días nublados en que no puedo evitar pensar en las batallas perdidas, en que la lucha tal vez no era necesaria, en el miedo, en el orgullo, en la entrega, en los caprichos, en  los abrazos no dados, en la falsa indiferencia, en los detalles, en los escudos, en Sabines, en la autoprotección, en el amor hecho en china, en anillos de papel, en mi eterna necedad de pensar que alguna vez hubo amor. Y pienso también si pude haber hecho las cosas de diferente forma, si pude haber dicho las cosas con otras palabras, mas aún, si lo debí haber hecho o si hice lo que tenía que hacer, para ser quien soy ahora.

¿Y el balance? El balance es subjetivo, porque a  + b no se pueden sumar ni  restar. No se puede mezclar el amor con la familia, con los amigos, con el trabajo..el balance es un producto, no una diferencia. Y como toda subjetividad en mi vida, el producto termina siendo a mi favor (eso de perder como que no se me da), sobre todo porque logré, a lo largo de este año, no uno, sino varios de los que bauticé como “momentos perfectos”. Y espero, no, corrijo, LUCHARÉ porque mis veintionce no solamente tengan “algunos” de estos momentos, sino que estén inundados de ellos.

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