orgullo vs. soberbia

Siempre supe que soy una persona orgullosa. Me di cuenta desde niña, cuando en un pleito entre hermanos, dejaba que mis ojos absorbieran las lágrimas para que no me dijeran “chillona”. Me di cuenta cuando era adolescente, cuando hacía lo posible porque nadie, y mucho menos el niño que me gustaba, me quitara el primer lugar del cuadro de honor. Me di cuenta en la prepa, cuando insistí en estudiar por mi cuenta para recuperar el tiempo y hacer en un año lo que la gente “normal” hace en tres. En la universidad me seguí dando cuenta de mi “cualidad” cuando sentía una gran satisfacción de tener el mejor promedio, el mejor resultado. Me di cuenta que soy orgullosa cuando me di cuenta de que podía ignorar completamente  la presencia de alguien que por años fue importante para mi y que se había atrevido a hacerme daño. Me di cuenta también  cuando en una discusión que vagamente recuerdo, entre mi coraje y mi dolor, no podía llorar, no podía decir lo que pensaba, mucho menos lo que sentía. Una pista de que era orgullosa llegó a mi en un día de invierno del otro lado del mundo cuando me acosté en un sofá de piel café a ver que el jardín se había pintado de blanco y me sorprendió un dolor en el pecho inexplicable. “Estoy bien” pensaba, “ya se me pasará”.  Y pasaron días, y pasaron meses, y pasaron años, y solamente dejaba de sentir ese dolor cuando me sentaba en la cocina, en la sala, en mi  cuarto o en cualquier parque de Copenhague y podía llorar. A veces, mientras el orgullo está dormido, puedo decir lo que pienso, puedo decir lo que siento, puedo reconocer mi debilidad ante ciertas situaciones, ante ciertas personas, puedo llorar, puedo reír, puedo abrazar, puedo ser sincera, puedo hablar con el corazón en la mano, puedo llevar la frente en alto sin mi típica mirada altiva, puedo ser neófita en algunos temas, puedo ser ignorante, puedo tener defectos, puedo decir “te amo” sin miedo.

Siempre pensé que era una persona orgullosa, como algo inherente a mi personalidad, a mi signo zodiacal, a mis rizos, a mis cejas levantadas, siempre lo supe, y no hice nada al respecto, porque al final de cuentas el orgullo es una “cualidad”.

Hoy me di cuenta de que estaba en un error. Hoy, cuando pensaba en las palabras que no puedo decir, en mi imagen de pie, inalterable, inquebrantable, ajena a cualquier intento de daño, Wikipedia me ayudó a darme cuenta de que no soy orgullosa, soy soberbia: “…a la soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por ejemplo, una persona soberbia jamás se “rebajaría” a pedir perdón, o ayuda”, “…el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes”.

“Hay dolores que es mejor callarlos” pensé. Pero, ¿Porqué hay que pretender que todo está bien, cuando hay algo mal por dentro? ¿Porqué vivimos la vida en la superficie? ¿Por qué saludamos de mano a quien queremos abrazar? ¿Porqué esperamos a que la otra persona nos hable? ¿Porqué no decimos simplemente “te quiero ver” e inventamos pretextos para hacerlo? ¿Porqué nos cuesta tanto trabajo decir “te quiero” o “te extraño”?…por soberbia, por miedo transformado en soberbia.

Y no es que jamás me “rebaje” a pedir perdón o ayuda, es que me cuesta trabajo, aunque a veces lo grite en mi interior. Como hace un par de días le dije a mi ex / amigo / espejo…..se necesita uno para conocer al otro, y tal vez sea en parte nuestra responsabilidad, cuando nos demos cuenta de que la soberbia nos está atacando a nosotros o a algún amigo, el intentar detenerla y con orgullo, ofrecer la ayuda, y pedir perdón.

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Comments
2 Responses to “orgullo vs. soberbia”
  1. Abigail dice:

    yo soy orgullosa lo see la primera parte me define y sinceramente estoy orguulosa de eso 😮

  2. letty dice:

    la soberbia va agarrada de la mano con e orgullo y si no lo sabes separar muy pronto ellos se ocuparan de ti, te confundirán en lo mas profundo de tu corazón, y muchas veces le conseguirás escusa a todo para tratar de demostrarte a ti mismo que todo funciona bien. Cuanto me cuesta decir lo siento, no es tan grave para mi que decir, necesito que me ayudes, quizás porque no estoy acostumbrada, siento que me humillo, que hablaran mal de mi y una lucha por salir solo de allí pero Dios en medio de la prueba solo quiere saber que grande es tu humildad y deseos de cambiar de corazón. la soberbia y el orgullo deben ser trasplantadas a otro huerto lejos de mi corazón.

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