El eterno resplandor…

Cuando empecé a escribir el título de este blog, comencé por preguntarme, ¿acerca de qué voy a escribir? Y llegaron a mi mente vivencias, momentos, ideas, algunos divertidos, otros tristes, otros multifacéticos, otros dramáticos, otros frustrantes…me di cuenta de lo extraño que es recordar demasiadas cosas, sobre todo para alguien a quien se le olvida esperar el cambio en la gasolinera.

Algunas de las cosas que recuerdo son estúpidas, como la playera Adidas color frambuesa, los pantalones caqui Ralph Lauren y los tenis Nike azules que traía  puestos el día que conocí a mi amor universitario, o que alguna vez cené pasta con langosta en un restaurante con el que fue el mas grande amor de lo que llevo de vida, y una de mis actuales mejores amigas, o  recordar que de niña podía pasar horas acostada en mi cama divirtiéndome con mi –hasta la fecha- juguete favorito: mi desbordada imaginación.

Demasiados recuerdos que van aun mas lejos: recuerdo que en una clase de tenis, recibí ayuda divina para tirar un bote de pelotas que estaba al otro lado de la cancha, y gané una paleta y un refresco, recuerdo que sufría cada vez que una paleta de limón se me quedaba pegada en la lengua, recuerdo mi primer clase de natación en el kinder, recuerdo al niño que me gustaba en la pastorela del kinder solamente cuando estaba vestido de San José y que me parecía ridículo ver a las niñas de cuarto de primaria bailar “chicas de hoy” por los pasillos del colegio cuando yo apenas iba en primero de primaria.

Siempre he sabido que afortunadamente no soy una persona normal y seguramente quien se tome la molestia de darse una vuelta por este blog, me dará la razón. No me preocupa, porque a mi, como a una nueva amiga “me da miedo la gente normal”.

Pero hay momentos en la vida de las personas en que somos menos normales de lo común. Momentos en que nos dedicamos a platicar con amigos de Freud, del pasado, del amor, a observar en un café a uno de los típicos “chipotes” (así es como una de mis mejores amigas le llama a los que pasan horas en el gimnasio construyendo músculos) con su respectiva playera sin mangas, leer una revista mientras su acompañante femenina trabaja en su laptop., momentos en los que no solamente nos damos cuenta de que algo no está bien en nuestras vidas, sino que decidimos hacer algo al respecto y cambiarlo. Momentos no solo de pensamiento, sino de acción, no solo de sentimientos, sino de libertad, momentos en que la mente parece tener la capacidad de ver el pasado y el futuro, momentos de resplandor.

El reto está en que ese resplandor no sea un momento, sino un estado tangible. El reto está en que el resplandor sobreviva a pesar de lo pesado del pasado, a pesar de aquellos momentos y palabras a los que nos aferramos, a pesar del recuerdo de un llanto espontáneo mientras transmitían Klavn, un programa que debería causar risa y no lágrimas. Este es el reto que asumo hoy, en hacer de este resplandor un resplandor eterno con todo y mis cariños, con todo y mis demasiados recuerdos,  que  logre  construir mi vida en un Eterno Resplandor de una Mente con Demasiados Recuerdos.

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